Y, sobre todo…
¡Gracias por lo que haces!
Convertirse de la noche a la mañana en cuidador familiar de alguien ingresado en la UCI o en una unidad de cuidados intermedios trastoca por completo la vida: las idas y venidas al hospital, las horas junto a la cama del ser querido, la preocupación y la desorientación suelen ser agotadoras, tanto física como emocionalmente.
Más allá del impacto de los primeros días, hay que reorganizar todo el día a día, y las obligaciones personales, laborales y familiares pueden pasar a un segundo plano.
Hacer la compra, las comidas y las tareas de casa, gestionar las actividades extraescolares de los niños u ocuparse de los animales suele exigir mucha energía, a veces demasiada, en momentos en los que uno necesita centrarla en su ser querido.
Por eso, una primera forma de ayudar a los cuidadores puede ser ofrecerles apoyo práctico. Estas son algunas ideas de cosas en las que podrías ofrecer tu ayuda, según lo que te veas capaz de hacer:
Los trayectos en coche entre casa y el hospital pueden ser agotadores. Ofrecerte a llevar y/o recoger a los cuidadores para evitar que conduzcan cansados o en estado de shock, sobre todo el día en que reciben la noticia, puede ser de gran ayuda.Si vives cerca del hospital, puedes ofrecer a los cuidadores familiares un alojamiento temporal para facilitarles los desplazamientos entre su casa y el hospital. Aunque no se queden a dormir, ofrecerles un espacio donde descansar durante el día y salir un poco del ambiente hospitalario puede ser muy reconfortante.Si los cuidadores familiares tienen hijos, puedes ofrecerte a llevarlos al colegio o a sus actividades extraescolares, o a quedarte con ellos en tu casa una tarde o una noche. Además de ayudar al padre o a la madre, esto puede permitir mantener cierta normalidad en el día a día de los niños, algo muy bienvenido en estos momentos difíciles. También puede ser una ocasión para que los padres se tomen un pequeño respiro, descansen y cuiden de sí mismos.Si los cuidadores familiares tienen una mascota, puedes ofrecerte a encargarte de ella: pasar un rato con ella, darle de comer, sacarla a pasear o incluso acogerla en tu casa temporalmente si es posible. Esto puede aliviar mucho el día a día de los cuidadores, y también calmar la culpa que pueden sentir por no poder ocuparse de su animal como de costumbre.También puedes ofrecer ayuda con la organización del día a día: por ejemplo, echar una mano con la limpieza, el orden, la compra o la preparación de comidas calientes o fáciles de congelar. Después de un largo día en el hospital, saber que te espera en casa una comida reconfortante, sin tener que hacer la compra ni cocinar, es un gran alivio.Si los cuidadores están abiertos a la idea, también puedes ofrecerte a relevarlos junto a la cama de su ser querido. Esto puede darles tiempo para centrarse en sí mismos, o incluso para ocuparse de tareas que no pueden esperar, y a la vez liberarlos de la culpa de dejar solo a su ser querido.
Si quieres apoyar a los cuidadores familiares, tu simple presencia, incluso a distancia, ya será muy valiosa para ayudarles a aguantar. Ofrecerles tu escucha y demostrarles que estás ahí con pequeños detalles les ayudará a sentirse acompañados en la dura prueba que están atravesando.
Quizá, de forma instintiva, te sientas muy cómodo en tu papel de apoyo a los cuidadores familiares.
Pero también es posible que te intimide la idea de ir al hospital, o de encontrarte a solas con un ser querido que se enfrenta a una situación tan difícil. Puede que temas no saber qué decir o no encontrar las palabras adecuadas. Puedes sentirte perdido, impotente, preguntarte cuál es tu lugar en su historia y si no estarás resultando demasiado invasivo. En definitiva, puede que temas ser más una carga que un consuelo para ellos.
Tranquilo, es normal que sientas esto. La situación no es fácil para nadie, y demuestras mucho valor al estar disponible para los cuidadores familiares. No hay palabras perfectas: el consuelo que puedas darles vendrá sobre todo de verte y de sentirse acompañados.
Lo importante, sobre todo, es mostrarse abierto: puedes preguntarles si les apetecería que pasaras a verlos (ya sea en el hospital, en su casa o fuera) o si necesitan tiempo para sí mismos. Si vas a verlos, no olvides que seguramente estarán cansados. Puede ser buena idea que estos encuentros sean breves, sobre todo si notas signos de cansancio en los cuidadores.
Por ejemplo, puedes enviarles un mensajito de vez en cuando para decirles que piensas en ellos o preguntarles si necesitan algo.
También puedes ofrecerte a visitarlos en el hospital: los cuidadores suelen pasar largas horas en la sala de espera de la UCI, sobre todo mientras se realizan cuidados o pruebas médicas a su ser querido. Una presencia conocida puede aportar algo de calidez y consuelo en esos momentos en los que los pensamientos pueden desbocarse y la angustia instalarse.
Según lo que les apetezca, también puedes proponerles un rato fuera del hospital, ya sea para tomar un café o dar un pequeño paseo. Cuando estés con ellos, también puedes preguntarles si les apetece hablarte de lo que están viviendo o preferirían hablar de otra cosa. Podrías, por ejemplo, contarles algunas novedades del «mundo exterior», de amigos comunes o del día a día, o proponerles un plan para despejarse (ir al cine, por ejemplo).
De forma más general, no dudes en preguntarles abiertamente qué necesitan o qué les apetece, y escúchalos. Sobre todo sus miedos y sus preocupaciones. No hace falta que respondas con soluciones: ofrecerles un espacio en el que puedan expresarse libremente ya será un gran apoyo y les permitirá descargar las emociones intensas que pueden acumularse durante un día en la UCI. Por último, no dudes en enviarles un mensajito de vez en cuando para ver si sus necesidades han cambiado.
Testimonio de Céline Recibir ayuda y apoyo