El ingreso de un paciente en una UCI, que a menudo se produce de urgencia, es un momento crucial en el que los tratamientos suelen ser intensos y exigentes desde el principio para estabilizar su estado y suplir el fallo de sus funciones vitales. Suele significar que la vida de la persona está en peligro y, por tanto, que se encuentra en una situación de gran vulnerabilidad.
La hospitalización que sigue puede durar desde unos días hasta varios meses, y durante ese tiempo cada detalle contará. Una estancia prolongada en la UCI suele estar hecha de múltiples fases de mejoría y de empeoramiento del estado de tu familiar: la gran fragilidad de los pacientes de UCI hace que corran un riesgo especialmente alto de complicaciones. Se habla a menudo de la «montaña rusa» de la UCI: es importante entender que el periodo en el que se necesitan cuidados críticos es un periodo de alto riesgo, con mucha incertidumbre, y esto puede ser especialmente difícil de vivir.
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La fragilidad de los pacientes y la incertidumbre sobre cómo puede evolucionar la situación son tan grandes que los profesionales sanitarios suelen ser muy prudentes al valorar el pronóstico y en la información que comparten con los familiares.
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Una de las características de la UCI es la vigilancia intensiva y continua, gracias a los aparatos y al gran número de profesionales del equipo asistencial.
Los profesionales sanitarios evalúan y reevalúan constantemente el estado de salud de los pacientes, preguntándose por el beneficio esperado de los tratamientos en curso y por los riesgos que pueden conllevar. Su objetivo principal es adaptar la atención a la singularidad de cada persona enferma y actuar siempre en su interés, teniendo en cuenta sus deseos y su voluntad incluso cuando no puede expresarlos. La información que los familiares les transmiten es útil para estimar el estado de salud de la persona antes de su ingreso en el servicio y valorar así el beneficio que puede obtener de tratamientos agresivos.
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El concepto de «destete»:
Los tratamientos que se aplican en la UCI tienen consecuencias importantes, y es fundamental sopesar los pros y los contras antes de iniciar terapias muy invasivas, así como revisar su utilidad a lo largo del tiempo. En la medida de lo posible, los profesionales intentan «destetar» a los pacientes cuanto antes de medicamentos, máquinas de soporte, etc.: en cuanto el estado del paciente lo permite, el equipo procura retirar los tratamientos invasivos para limitar las complicaciones. Así, el despertar del paciente suele ser el resultado de varios intentos sucesivos de retirar la sedación.
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Por tanto, las estrategias terapéuticas dependen tanto del estado de salud del paciente como de su capacidad para beneficiarse de los tratamientos disponibles y de sus deseos.
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