Las enfermedades que llevan a la UCI

Absolutamente cualquier enfermedad y cualquier accidente de la vida pueden llevar a la UCI. Se calcula que cada año ingresan en unidades de cuidados intensivos más de 30 millones de pacientes en todo el mundo.

Causas iniciales de ingreso en la UCI

Las causas más frecuentes de ingreso en la UCI son las siguientes:

  • La sepsis: se trata de una respuesta inadecuada del cuerpo (del sistema inmunitario) a una infección. Cualquier infección puede complicarse con una sepsis, que puede provocar el fallo de todos los órganos; la mortalidad aumenta con el número de órganos que fallan. El ingreso en cuidados críticos tiene como objetivo vigilar la evolución de la infección y tratarla, pero también vigilar de cerca los fallos orgánicos y, si es necesario, sustituir temporalmente la función de esos órganos (diálisis, ventilación mecánica [= respiración artificial], etc.). La sepsis es un problema de salud pública de primer orden, reconocido como tal por la OMS desde el 1 de junio de 2017.
  •  
  • Las enfermedades cardiovasculares y sus complicaciones (parada cardiaca, pero también infarto, insuficiencia cardiaca grave e ictus [accidente cerebrovascular]): en el mundo, la insuficiencia cardiaca afecta hoy a más de 26 millones de pacientes y en Europa se producen cada año 350.000 paradas cardiacas fuera del hospital. La atención tras una parada cardiaca requiere un ingreso en cuidados críticos para dar soporte a los órganos que han sufrido por la interrupción de la circulación sanguínea y, por tanto, del aporte de oxígeno durante la asistolia (parada total del funcionamiento del corazón). Este soporte busca dar tiempo a los órganos para recuperarse y permite poner el cerebro en reposo.
  •  
  • Cánceres y neoplasias hematológicas: con una incidencia en aumento constante, el cáncer afecta a uno de cada cinco pacientes ingresados en cuidados críticos. Los cuidados críticos ofrecen a estos pacientes tanto la vigilancia reforzada que necesitan como el soporte necesario para superar ciertos momentos críticos, como las complicaciones graves relacionadas con el tumor subyacente o con los tratamientos, que, entre otras cosas, pueden hacerlos especialmente vulnerables a las infecciones.
  •  
  • Insuficiencia respiratoria aguda y crónica: cada año, más de 15 millones de pacientes reciben respiración artificial (ventilación mecánica) en la UCI por una insuficiencia respiratoria que pone en peligro inmediato su vida, sea cual sea la causa (COVID-19, neumonías infecciosas, gripe, enfermedad pulmonar obstructiva crónica [EPOC], causas neurológicas o también el tratamiento de un estado de shock).
  •  
  • Accidentes y traumatismos: accidentes de tráfico u otros accidentes (de montaña, caídas graves, agresiones, etc.), ahogamientos, intoxicaciones, quemaduras graves… Los traumatismos y accidentes de la vida causan más de 5 millones de víctimas cada año en el mundo. Estos pacientes suelen atenderse primero en la sala de críticos de urgencias («déchocage») antes de pasar al quirófano y después a cuidados críticos, a medio o largo plazo, hasta que están lo bastante estables para volver a un circuito de vigilancia y cuidados menos intensivo.
  •  
  • Cuidados postoperatorios tras intervenciones quirúrgicas complejas: tras algunas operaciones quirúrgicas complejas y de riesgo, o tras una operación en la que ha surgido una complicación (por ejemplo, una hemorragia que desemboca en un shock hemorrágico), puede ser necesario ingresar al paciente en la UCI para vigilarlo de cerca y dar soporte a los órganos mientras «se ponen de nuevo en marcha».
  •  
  • Enfermedades neurológicas y coma: cientos de millones de personas en el mundo padecen trastornos neurológicos. Traumatismo craneoencefálico, crisis epiléptica grave y prolongada, tumor cerebral, rotura de un aneurisma: todas estas causas pueden provocar un periodo de coma y llevar a la UCI.