La UCI, historias de segundas vidas

Alexandre

39 años y 68 días en la UCI

Benjamin

19 años y 42 días en la UCI

Nadine

49 años y 80 días en la UCI

Alexandre

39 años y 68 días en la UCI

Llegué a urgencias el 13 de noviembre de 2017 con fiebre y dificultad para respirar. Al día siguiente me trasladaron directamente a la UCI, donde pasaría 2 meses con mi vida en peligro. Me diagnosticaron una enfermedad rara y varias infecciones más.

Las 3 primeras semanas las recuerdo muy borrosas, sobre todo por el coma, que duró 2 semanas, y después por una gran confusión, hasta que me operaron de urgencia. Me hicieron una colectomía total (extirpación del colon) y me pusieron una ostomía (desviación quirúrgica de un conducto natural) que llevé durante un año; también recibí quimioterapia, diálisis 3 o 4 veces por semana porque mis riñones dejaron de funcionar de golpe, varias biopsias, punciones lumbares, toracocentesis (punciones a través de la pared torácica para evacuar líquido de la pleura), etc.

Recuerdo mucho mi angustia y la que veía en la mirada de mis seres queridos, el miedo a morir, los «bips» incesantes de las máquinas, las alarmas… Recuerdo mi cuerpo paralizado y esquelético, no tener fuerzas ni para levantar el brazo. Muchas pesadillas muy realistas todas las noches. La sensación de haber perdido el control de mi propio cuerpo. El día de Navidad, para levantarme el ánimo, el Prof. Mira, jefe del Servicio de Medicina Intensiva del Hospital Cochin, aceptó que trajeran a mi perro a la habitación.

Quiero dar las gracias, ante todo, al personal sanitario, que fue tan cariñoso conmigo y que luchó día y noche para regalarme «mi segunda vida». Gracias al Prof. Mira, al Prof. Chiche, a las enfermeras, a los médicos, a los residentes y a los auxiliares de enfermería. Todos me dieron fuerzas para luchar. Gracias también a mi familia, por supuesto, que estuvo tan presente durante esta dura prueba, a mis amigos, que me enviaron tanto amor, y al amor de mi vida, que no se separó de mí en ningún momento.

Hoy, gracias al personal sanitario que hizo de mi vida su prioridad, estoy viviendo mi segunda vida. En los últimos 2 años he hecho más cosas que en los 20 anteriores. Vivo en pareja, he retomado los estudios, he montado mi empresa de coaching, he adoptado un segundo perro y tengo una casa en el campo para desconectar todos los fines de semana. Soy feliz y me siento realizado. Estoy en plena forma. Así que GRACIAS.

Benjamin

19 años y 42 días en la UCI

El 5 de febrero de 2020 ingresé en la UCI por una complicación de la gripe. El lunes empecé a tener fiebre, el martes fui a la facultad y el miércoles ya no podía respirar.

Los médicos me indujeron un coma profundo para mantenerme con vida. El hígado, los riñones y, sobre todo, los pulmones estaban afectados, hasta el punto de que mis probabilidades de sobrevivir rondaban el 1 %.

Todo el equipo del servicio, los auxiliares de enfermería, los enfermeros y los médicos me cuidaron sin descanso. Me sacaron del coma al cabo de 3 semanas, y luego necesité otras 3 semanas para que me extubaran, 3 semanas que pasé consciente, con un tubo en la tráquea…

A pesar de todo lo que pasé, estoy vivo y tengo una segunda vida. He retomado los estudios y acabo de hacer los exámenes parciales… Los cuidados intensivos tienen ese potencial extraordinario de salvar vidas. Yo tuve esa suerte.

Nadine

49 años y 80 días en la UCI

Hace ya 9 años, una enfermedad autoinmune en su forma más grave me llevó a la UCI. Nunca había estado hospitalizada, y en pocos días mi vida dio un vuelco total: ingresé en la UCI entre la vida y la muerte, embarazada de 7 meses.

Me indujeron un coma porque mi vida corría peligro… y perdí a mi bebé. Los 3 meses que pasé en la UCI fueron para mí 3 meses de lucha, 3 meses para renacer, para volver a respirar sola… 3 meses para vivir, simplemente.

Después necesité un año de reconstrucción física para volver a aprender a caminar, a hablar, a comer, para recuperar mi autonomía y mi libertad. Y aún me hicieron falta algunos años de reconstrucción psicológica, entre la aceptación y la resiliencia.

Y entonces nació Sacha, mi hijo. Fue mi mayor victoria sobre la vida. Una victoria que también pertenece a todas las personas que me regalaron esta segunda vida: mis seres queridos, por supuesto, y ese equipo médico extraordinario, tan competente como humano, que me acompañó durante toda esta dura prueba.